Proyecto Diálogo Abierto Global

Justificación política

Está en construcción permanente

Se complementarán con los trabajos y aportes de los participantes.

Hacia una respuesta emancipadora a la crisis civilizatoria

En un contexto histórico marcado por la crisis civilizatoria caracterizada por la erosión de las soberanías nacionales, la ofensiva global de gobiernos neofascistas y ultraderechistas, la mercantilización extrema de la vida, la devastación de la naturaleza y la concentración sin precedentes del poder tecnológico en manos de unas pocas corporaciones, se vuelve imperativo reimaginar los fundamentos éticos, epistemológicos y políticos desde los cuales construimos conocimiento, comunicación y acción colectiva.
Esta crisis no es solo política o económica; es una crisis ecosocial terminal que pone en jaque la supervivencia planetaria, manifestándose en la “casi muerte” de la justicia internacional, el colapso climático y la devastación ambiental, consecuencias directas del modelo extractivista y depredador del capital y lo cumbre de la decadencia de nuestra civilización es la normalización del Genocidio en Gaza y el plan “inmobiliario” presentado recientemente en Davos.
Ante este panorama, la pregunta por el mundo posible a construir deja de ser una utopía para convertirse en una urgencia material y un proyecto político concreto. El mundo que emerge debe tener como características innegociables la soberanía popular, la justicia ambiental y la democracia radical, donde la vida se sitúe en el centro de toda decisión.
Los pasos por seguir implican la descolonización del saber, la desmercantilización de los bienes comunes y la articulación de las resistencias globales. En este tablero, el destino de naciones como Cuba, Colombia y México se convierte en un laboratorio crucial para el Sur Global, demostrando que la construcción de alternativas es viable a través de procesos de integración regional, defensa de la soberanía energética y alimentaria, y la profundización de modelos de desarrollo de una ciudadanía global con con justicia social.
El actual orden mundial no solo reproduce estructuras coloniales y extractivistas, sino que las intensifica mediante nuevas formas de dominación digital, cognitiva y afectiva.
Las llamadas BigTech han trascendido el rol de simples empresas para convertirse en arquitectas de nuevas subjetividades, mediadoras de la verdad y guardianas de infraestructuras que condicionan la autonomía de los pueblos. Paralelamente, organismos multilaterales tradicionales pierden legitimidad y capacidad de regulación frente a estos poderes transnacionales.

Educación para la paz como imperativo político y pedagógico

La justificación de este programa se profundiza al incorporar la Educación para la Paz no como una mera promoción de la convivencia, sino como un imperativo político y una praxis decolonial para la construcción de futuros posibles. Desde una perspectiva crítica, reflexiva y de izquierda, la paz no se limita a la Paz Negativa (ausencia de violencia directa o guerra), sino que exige la construcción de la Paz Positiva.
La Paz Positiva implica la erradicación de la violencia estructural (injusticia social, desigualdad económica, opresión sistémica) y la violencia cultural (legitimación de la violencia a través de ideologías y discursos hegemónicos).
En este sentido, el Programa Diálogo Abierto Global (DAG) se erige como un espacio para la Paz Transformadora, que busca no solo resolver conflictos, sino transformar las estructuras que los generan. La Educación para la Paz, entendida así, se alinea perfectamente con los objetivos del DAG de desafiar el capitalismo neoliberal y la colonialidad del saber, promoviendo una cultura política emancipadora. La Paz Positiva se convierte en el horizonte ético-político del programa, ya que cada objetivo específico (tejer redes, crear alternativas económicas, promover la soberanía digital) es una acción directa contra una forma de violencia estructural: la desigualdad, la dependencia tecnológica y la hegemonía mediática.
Esta visión se extiende a la educación formal y popular, que debe ser concebida como una herramienta al servicio de los proyectos de país que buscan la soberanía y la justicia social, trascendiendo la lógica instrumental del mercado. (Transformar la educación para lograr el desarrollo sostenible y un futuro de paz, justicia y prosperidad, UNESCO). El objetivo es claro: generar oportunidades reales para las personas, no solo como mano de obra, sino como sujetos políticos plenos. Adoptar el paradigma constructivista en este contexto significa colocar a los estudiantes en primer lugar, reconociendo sus saberes previos y su capacidad de co-crear conocimiento, haciendo de la pedagogía un acto de liberación que rompe con la verticalidad y el adoctrinamiento, y que forma ciudadanos críticos y comprometidos con la transformación de su realidad.
La educación transformadora para una ciudadanía global e incluso la pedagogía crítica académica tienen que asumir las experiencias de la educación popular actuales, que demuestran que otras escuelas son posibles, así como la conexión con un trasfondo milenario todavía visible en los pueblos originarios: el aprendizaje sin lecciones en una comunidad abierta, donde hay distintas agencias educativas y referentes convalidables para la imitación.
En concreto el uso de la IAg como auxiliar puede ayudar a que el alumnado de clases trabajadoras construya su aprendizaje con más autonomía. Es conocido que las escuelas públicas son escenarios de la lucha de clases y que un alto porcentaje rechaza la escolaridad porque la docencia sigue siendo de clase media blanca y el currículum jerarquiza los saberes por razón de clase, género y etnia. Se confunde la enseñanza emancipadora con la transmisión del capital cultural acumulado por las clases dominantes bajo la etiqueta de Ilustración burguesa, liberal o reaccionaria. Incluso para enseñar ciencia se utilizan métodos impositivos de adoctrinamiento, como si no fuera fruto de la experiencia sino del dogmatismo. Necesitamos escuelas públicas que enseñen democracia practicando la participación, la deliberación y el debate sobre los contextos, asumiendo la conflictividad como medio de conocimiento social para llegar a consensos.

Tecnología como campo de batalla y la urgencia de la apropiación

La irrupción de la Inteligencia Artificial (IA) y las tecnologías digitales representa un campo de batalla político en disputa.

El extractivismo digital se refiere a la extracción masiva de datos, recursos cognitivos y afectivos de los usuarios, transformándolos en capital para unas pocas corporaciones, a menudo con graves impactos ecológicos y sociales.

Es fundamental reconocer que la izquierda ha enfrentado históricamente una dificultad para asumir y apropiarse de las tecnologías con la celeridad y profundidad necesarias, a menudo cayendo en una crítica puramente reactiva o en el rechazo. Superar esta brecha es un imperativo político. No se trata de abrazar el determinismo tecnológico, sino de entender que la tecnología es un campo de lucha donde se define el futuro de la soberanía y la autonomía. La izquierda debe pasar de la resistencia a la apropiación crítica y la creación de tecnologías propias que sirvan a los intereses populares y a la construcción de la Paz Positiva.

Sin embargo, desde una perspectiva de izquierda, es crucial no caer en un tecnopesimismo paralizante. La IA también ofrece oportunidades emancipadoras que deben ser apropiadas críticamente. El módulo “Tecnologías e IA” del DAG se concibe como un laboratorio para la IA emancipadora, con un doble enfoque:

  1. Soberanía Digital y Tecnológica: La IA puede ser desarrollada y utilizada para fortalecer la soberanía digital de los pueblos, promoviendo el uso de tecnologías libres y la creación de IA alternativas que respondan a las necesidades del Sur Global, en lugar de a los intereses corporativos. Esto implica la formación en el desarrollo de modelos de IA éticos, transparentes y de código abierto, diseñados para la gestión comunitaria de recursos y la toma de decisiones democrática.
  2. Justicia Epistémica y Creación Colectiva: La IA, si se despoja de su sesgo algorítmico hegemónico, puede convertirse en una herramienta para la justicia epistémica, ayudando a visibilizar saberes marginados, lenguas minoritarias y narrativas decoloniales. El DAG, al proponer la co-construcción de un medio de comunicación virtual, puede utilizar la IA para la curación de contenido, la traducción y la accesibilidad, amplificando las voces del Sur y desafiando la violencia cultural que invisibiliza el conocimiento no occidental.
  3. Imaginación Pedagógica y Crítica: La IA, al automatizar ciertas tareas, libera tiempo y recursos cognitivos que pueden ser redirigidos hacia la imaginación pedagógica, el pensamiento crítico y la creación artística. El programa debe formar sujetos capaces de “pensar con” la IA, pero también de cuestionar sus fundamentos y de crear tecnologías desde un enfoque ecosocial y cosmotécnico.

Respuesta popular: organización y economía social solidaria

Frente a la carencia de humanidad, a la lógica depredadora del capital, la organización popular emerge como el motor insustituible de la transformación. La resistencia no puede ser solo intelectual; debe ser material y arraigada en el territorio. En este marco, la economía social solidaria se presenta como una respuesta política y económica de fondo al capitalismo. No se trata de un nicho de mercado, sino de un paradigma alternativo que prioriza la satisfacción de las necesidades humanas, la reproducción de la vida y la gestión democrática de los recursos, por encima de la acumulación de capital. El DAG promueve el estudio y la práctica de modelos cooperativos, autogestionarios y comunitarios que demuestran que es posible construir relaciones económicas basadas en la reciprocidad, la equidad y la sostenibilidad, sentando las bases para una sociedad post-capitalista.

Batalla por el sentido: comunicar para independizar

En la era de la posverdad y la saturación informativa, la capacidad de comunicar se convierte en un acto de soberanía. Es una necesidad política ineludible no dejarse manipular por los discursos hegemónicos que buscan desmovilizar, fragmentar y despolitizar a la ciudadanía. El programa Diálogo Abierto Global asume la tarea de formar comunicadores críticos y activistas digitales capaces de generar narrativas propias, contrahegemónicas y profundamente humanas. Esto implica una alfabetización mediática radical que desmonte los mecanismos de la manipulación algorítmica y corporativa, y que utilice las herramientas disponibles para amplificar las voces de los movimientos sociales, tejiendo un nuevo sentido común emancipador.

Ante este escenario, el Programa Diálogo Abierto Global (DAG) surge como una respuesta pedagógica, política y cultural desde el Sur Global: un espacio de resistencia intelectual, creación colectiva y alfabetización crítica. Inspirado en saberes ancestrales y en filosofías contemporáneas del sur, el DAG propone reconectar el conocimiento con el bien común, la tecnología con la justicia social y la política con la vida digna, haciendo de la Paz Positiva, la IA emancipadora y la soberanía comunicacional sus horizontes de acción.

Integración y actualización de la Izquierda: Hacia la gobernanza del porvenir

La izquierda del siglo XXI se encuentra ante un imperativo de actualización que trasciende la mera revisión de sus programas o el ajuste de su lenguaje. La promesa de una síntesis armónica entre la lucha por la redistribución material y las políticas de reconocimiento cultural ha demostrado ser insuficiente para enfrentar la nueva arquitectura del poder global. El desafío no reside en elegir entre estas dos vertientes históricas, sino en comprender que ambas se reconfiguran y metabolizan en un tercer eje civilizatorio: el poder tecnológico [2].

Desde una perspectiva de proyección política, la tarea de la izquierda no es solo cambiar la sociedad, sino asegurar que la humanidad siga siendo el sujeto activo de su propio futuro. La tecnología, con la irrupción de la Inteligencia Artificial, los datos masivos y los sistemas algorítmicos, ha dejado de ser una herramienta para convertirse en la infraestructura civilizatoria que organiza la vida, el trabajo, la información y la subjetividad. El capital del presente es, fundamentalmente, algorítmico e informacional.

La integración y actualización de la izquierda se proyecta, por lo tanto, en la construcción de un proyecto tecnológico-humanista cuyo eje central es la gobernanza del porvenir.

Eje Histórico de la IzquierdaConflicto Central (Siglo XX)Proyección (Siglo XXI)Misión Política Actualizada
Izquierda MaterialistaDistribución de la RiquezaAcceso al Capital AlgorítmicoAsegurar la Justicia Social en la era de la automatización.
Izquierda CulturalReconocimiento de IdentidadesModelación Algorítmica de la SubjetividadDefender la Autonomía Humana y la diversidad frente a la hegemonía digital.
Izquierda Integrada y ActualizadaArquitectura del Poder TecnológicoGobernanza del PorvenirLuchar por la Soberanía sobre los Sistemas que organizan la vida.

Este nuevo horizonte no es un anexo, sino el Metaeje donde convergen todas las formas de poder. La pregunta política fundamental ya no es solo quién gobierna el Estado, sino quién gobierna los algoritmos, los datos y los sistemas inteligentes [2].

El Programa Diálogo Abierto Global (DAG) se posiciona como un espacio de proyección para esta izquierda actualizada. Al enfocarse en la IA emancipadora, la soberanía digital y la creación de tecnologías alternativas, el DAG no solo diagnostica la crisis, sino que se compromete con la praxis de la gobernanza del porvenir. La formación que ofrece busca:

  • Desplazar el control: Mover el control de la infraestructura tecnológica de las corporaciones transnacionales a las comunidades y los pueblos del Sur Global.
  • Anticipar el futuro: Formar cuadros capaces de anticipar los dilemas éticos y políticos de las tecnologías emergentes (neurotecnología, biotecnología) y diseñar marcos de regulación democrática.
  • Re-politizar la tecnología: Dejar de tratar la tecnología como un asunto técnico o de mercado y reinsertarla en el debate político como el principal campo de lucha por la soberanía y la democracia radical.

La integración de las luchas materiales y culturales se logra al entender que la desigualdad económica se amplifica por el acceso diferencial al conocimiento tecnológico, y que la opresión simbólica se ejerce a través de la jerarquización algorítmica de las narrativas. La actualización de la izquierda pasa por asumir que la defensa de la democracia en el siglo XXI es, ante todo, la defensa de la soberanía tecnológica popular.

la pregunta por el mundo posible a construir deja de ser una utopía para convertirse en una urgencia

El actual orden mundial no solo reproduce estructuras coloniales y extractivistas, sino que las intensifica mediante nuevas formas de dominación digital, cognitiva y afectiva.

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